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¿Hay incendios naturales?

A menudo me preguntan, ¿pero tu realmente crees que los incendios forestales es un fenómeno natural? Aquí intento responder a esta pregunta. Este texto apareció primero en 20minutos (Ciencia para llevar); aquí incluyo la primera versión que escribí, un poco más larga que la publicada; la principal diferencia está en el último párrafo, que por razones de espacio se recortó en la versión final en 20minutos.

 

Para que se produzca un incendio forestal se requieren tres condiciones: una ignición que inicie el fuego, un combustible continuo e inflamable, y unas condiciones de propagación adecuadas. ¿Se dan estas tres circunstancias en nuestros ecosistemas?

Empecemos por el final, las condiciones de propagación. Una de las principales características del clima mediterráneo es que la estación más seca coincide con la más cálida (el verano), cosa que no se da en la mayoría de los climas del mundo. En verano se genera un periodo relativamente largo con unas condiciones de elevadas temperaturas y baja o nula precipitación, que son ideales para que, si hay un incendio, se propague fácilmente. Además no es raro tener días de viento relativamente fuerte, seco y cálido (por ejemplo, los ponientes en la costa valenciana) que aún facilitan más los grandes incendios.

La siguiente condición es la existencia de un combustible continuo e inflamable. En la mayoría de los ecosistemas ibéricos, la vegetación es suficiente densa y continua que permite, si hay un incendio en verano, que este se pueda extender a grandes superficies. Esto es aplicable tanto a los bosques como a la gran diversidad de matorrales que encontramos en nuestro territorio. De manera que la vegetación mediterránea forma lo que a menudo se llama el combustible de los incendios forestales. No hay que olvidar que este ‘combustible’ está compuesto por una gran diversidad de seres vivos que tienen detrás una larga historia evolutiva; son parte de nuestra biodiversidad. Esta continuidad en la vegetación era especialmente evidente antes de que los humanos realizará esa gran fragmentación que se observa actualmente en nuestros paisajes, principalmente debida a la agricultura, pero también a las abundantes vías y zonas urbanas y periurbanas.

Pero con una vegetación inflamable y unos veranos secos no es suficiente para que haya incendios, se requiere una ignición inicial. Hoy en día, la mayoría de igniciones son generadas por personas, ya sea de manera voluntaria o accidental. Pero, ¿Hay igniciones naturales? La respuesta es . A menudo tenemos tormentas secas en verano, cuando las condiciones de propagación son óptimas, de manera que los rayos generados por estas tormentas pueden actuar como fuente de ignición e iniciar un incendio forestal. Tenemos muchos ejemplos de incendios generados por rayos (la mayoría sofocados rápidamente por los bomberos); y en los meses de verano, la AEMET detecta miles de rayos potencialmente capaces de generar igniciones (Figura 1).

Figura 1. Imagen del 31 de Julio de 2015 donde se muestra la localización de 12835 rayos que se registraron durante 6 horas en la Península Ibérica. Los diferentes colores indican diferentes horas, entre las 12 y las 18h. Fuente: Agencia Estatal de Meteorología.

Por lo tanto, las tres condiciones arriba mencionadas se dan de manera natural en nuestros ecosistemas, y por lo tanto podemos afirmar que sí hay incendios naturales. Pero, ¿cuantos?

Las estadísticas de incendios actuales nos dicen que los incendios generados por rayos son una minoría, comparado con la gran cantidad de incendios generados por los humanos. ¿Podría esta minoría de incendios por rayo representar la cantidad de los incendios esperables en condiciones naturales? La respuesta es no. Una gran cantidad de rayos cae en suelo sin vegetación combustible (zonas agrícolas y urbanas) y por lo tanto no producen los incendios que producirían en unas condiciones más naturales. Además, de los rayos que sí generan igniciones en el monte, la mayoría son apagados por los bomberos forestales cuando aun son solo conatos o incendios muy pequeños. Cabe recordar que nuestros bomberos apagan la inmensa mayoría de las igniciones y sólo un porcentaje muy pequeño se escapa y se transforma en los incendios que aparecen en la prensa. Y además, de los incendios que realmente progresan, la mayoría son más pequeños de lo que serían esperable en condiciones más naturales, porque los apagan los bomberos, o porque se detienen en zonas no inflamables (zonas agrícolas, urbanas, cortafuegos, etc.). Como consecuencia, las estadísticas de incendios por rayos, ya sea en número de incendios como en área afectada, no reflejan la importancia que tendrían los incendios en condiciones naturales, sino que los subestima. Algunos de los incendios que actualmente se dan por actividad humana, en realidad están sustituyendo a incendios naturales.

Es decir, en unos paisajes más naturales (con menos presión humana) que los actuales, sería de esperar que hubiese menos incendios que en la actualidad porque habría muchas menos igniciones (la actual elevada población genera muchas igniciones), pero en muchos casos, esos incendios podrías ser más grande. En cualquier caso, el balance probablemente sería de menos área afectada por incendios que actualmente; pero sí habría incendios frecuentes. A todo esto hay que añadirle que actualmente estamos cambiando el clima, de manera que la estación con incendios tienden a ser más larga, y las olas de calor más frecuentes, y todo ello incrementa la actividad de los incendios; pero ahora no entraremos en detalle en ello.

Además, hablar de condiciones o paisajes ‘más naturales’ es complicado por varias razones. ¿Cuanto hacia atrás en el tiempo son esas condiciones ‘más naturales’? Los humanos han poblado la Península ibérica desde hace muchos años, modificando las igniciones, cambiando la estructura de la vegetación, así como la cantidad y tipo de herbívoros. Esto ha llevado a continuos cambios en la cantidad y continuidad del combustible y en el régimen (frecuencia, intensidad, y estacionalidad) de incendios. Y si nos vamos a periodos antes de los humanos, tanto el clima como la cantidad y tamaño de los herbívoros (también consumidores de biomasa, como el fuego) era bastante diferente. Por lo tanto, lo importante no es si el régimen de incendios actual es ‘natural’ o no. Lo importante es si el régimen de incendios actual y futuro es ecológica y socialmente sostenible, considerando el cambio climático. Eliminar los incendios es imposible, antinatural y ecológicamente insostenible. Nuestra sociedad ha de aceptar la existencia de incendios, aprender a convivir con ellos, adaptar las estructuras y los comportamientos, y gestionar las zonas semi-urbanas y los paisajes rurales para que el régimen de incendios sea ecológica y socialmente sostenible. Esto incluye gestionar y planear la zonas semi-urbanas, la plantaciones forestales, y los parques naturales, pensando que lo normal es que un día les llegue un incendio.

Todo esto y más en: ‘Incendios forestales’ Ed. CSIC-Catarata.

[Actualización 30/7/2017] Un ejemplo: La sierra de los rayos. El País, 30 Julio 2017

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