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Archive for April, 2019

Postfire in a Mexican arid ecosystem

April 24th, 2019 No comments

Arid ecosystems have a climate appropriate for fires, but their low biomass often limits the frequency and intensity of fires; yet they still occur. A recent study evaluated the survival and resprouting of four species 6 months after a fire [1] in Tehuacán-Cuicatlán Biosphere Reserve (Puebla, Mexico), and show that most individuals of the four species survived:

  • Dasylirion lucidum (Asparagaceae): the apical bud of most (97%) plants survived and quickly produced new leaves; few individuals shows basal resprouts.
  • Juniperus deppeana (Cupressaceae): 75% of the trees survived, some resprout from the base, others from epicormic buds (see also here)
  • Echinocactus platyacantus (Cactaceae): 95% survived
  • Agave potatorum (Asparagaceae): 90% survived and continued to growth new leaves from the central of the plants

All species are endemic of Mexico except Juniperus deppeana that also occurs in the southwestern USA (Arizona, Texas, New Mexico).

 

Landscape dominated by Dasylirion lucidum 6 months after a fire in Tehuacán, Mexico [1].

 

Dasylirion lucidum (a), Juniperus deppeana with epicormic resprouts (b), Echinocactus platyacantus (c), and Agave potatorum (d) six months postfire in Tehuacán, Mexico [1].

 

References

[1] Rodríguez-Trejo, D. A., Pausas, J. G. & Miranda-Moreno, A. G. 2019. Plant responses to fire in a Mexican arid shrubland. Fire Ecology 15:11 [doi | pdf]  

[2] Pausas J.G. Flammable Mexico. Int. J. Wildland Fire 25: 711-713 [doi | pdf]

More on: México fires | Juniperus deppeana postfire |

 

 

Disturbance and perturbations

April 18th, 2019 No comments

Fire is a key process in many ecosystem (fire-prone ecosystems), where it is best viewed as a natural disturbance that benefits to ecosystem functioning. However, increasingly, we are seeing human interference in fire regimes that alters the historical range of variability for most fire parameters and results in vegetation shifts. Such perturbations can affect all fire regime parameters. In a recent paper [1] we provide a brief overview of examples where anthropogenically driven changes in fire frequency, fire pattern, fuels consumed and fire intensity constitute perturbations that greatly disrupt natural disturbance cycles and put ecosystems on a different trajectory resulting in type conversion. These changes are not due to fire per se but rather anthropogenic perturbations in the natural disturbance regime. That is, the critical factor determining system resilience is not fire but the perturbations of fire regime. Of course, in ecosystems where fire is not a natural process (e.g., rainforests), we should consider fire itself to be a perturbation.

Examples of perturbations of the fire regime, specifically alterations of the fire interval:


Entire chaparral landscape in the frame burned in 1970, half of the foreground burned again in 2001 and the far right third of the foreground burned a third time in 2003, all by human-caused ignitions. Vegetation recovery following the 2001 fire comprises native shrub and subshrub regeneration, those areas burned a third time in 2003 are dominated by alien red brome grass invasion (photo by R. W. Halsey [1]).

 


Massive lodgepole (Pinus cortata) forest regeneration following the 1988 North Fork Fire, which burned over 200.000 ha of Yellowstone lodgepole forests, was partially reburned after 28 years in the 2016 Maple Fire of 18.200 ha. This atypical short interval resulted in very little regeneration (immaturity risk); casual observations in the summer of 2018 revealed, 10 to 1 ratio of adult skeletons to seedlings, clearly not stand-replacing recruitment (photo by J. E.Keeley [1]).

 

References

[1] Keeley J.E. & Pausas J.G. 2019. Distinguishing disturbance from perturbations in fire-prone ecosystems. Int. J. Wildland Fire [doi | IJWF | pdf]

 

Cambio climático, políticas medioambientales y gestión del territorio

April 15th, 2019 1 comment

No hay duda que el planeta está sometido a un calentamiento global causado por al incremento de CO2. Para evitar una pérdida de calidad de vida y de biodiversidad, se necesitan políticas de reducción de CO2, que se deben realizar a todos los niveles, tanto personal, como a nivel municipal, regional y global. Pero además de estas políticas de CO2, existen otras políticas locales relacionadas con la gestión del territorio, que pueden ser muy relevantes para luchar contra el cambio climático. En nuestro clima mediterráneo existen dos factores clave, el régimen de incendios y el régimen de sequías, que actualmente están siendo perturbados. En un artículo reciente [1] se propone que existen principalmente tres factores locales que determinan la actual dinámica de la vegetación y que afectan a los incendios y las sequías en nuestros ecosistemas:

a) El abandono rural en un entorno depauperado de herbívoros salvajes. Este aumenta las áreas de monte (áreas forestales), pero también la abundancia y continuidad de la vegetación, que es el combustible que alimentan los incendios forestales. Ello incrementa la probabilidad de incendios grandes e intensos y de incendios en la interfaz agrícola-forestal.

b) El incremento de la población urbana viviendo o visitando zonas semiurbanas (por ejemplo, incremento de viviendas en la interfaz urbano-forestal). La consecuencia es un incremento de: 1) la degradación de la biodiversidad (por ejemplo, incrementa la introducción de especies exóticas, la contaminación lumínica, el uso ineficiente del agua, etc.); 2) la probabilidad de incendios (más igniciones tanto accidentales como provocadas); y 3) la vulnerabilidad de la sociedad a los incendios (se ponen en peligro vidas e infraestructuras).

c) La degradación costera, que aumenta la sequía a través de procesos de retroalimentación negativa; es decir, la desecación de las marismas costeras, la deforestación para la agricultura y, más recientemente, la explosiva urbanización costera, han reducido drásticamente los ecosistemas originales (y su evapotranspiración) y, por lo tanto, el agua disponible para la brisa marina que en el pasado alimentaba las lluvias en las montañas de la costa [1].

Por lo tanto, las políticas de gestión del territorio para luchar contra el cambio climático deben enfocarse a dos objetivos principales: gestionar los incendios, y reducir las sequías; siempre evitando que la gestión afecte negativamente a la biodiversidad.

 

Figura: La perturbación de los regímenes de incendios naturales y sequías en los paisajes mediterráneos está determinada tanto por factores globales como locales. El aumento de la actividad de incendios se debe a la cantidad de combustible y la homogeneidad del paisaje generada por el abandono rural en un entorno depauperado de herbívoros y con crecientes igniciones (de origen humano) y sequías. El aumento de las condiciones secas es consecuencia del calentamiento global, pero también de las pérdidas por tormentas causadas por la perturbación del ciclo del agua generado por la degradación de los ecosistemas costeros. El incremento de población semi-urbana se refiere al incremento de población urbana viviendo en o visitando zonas de monte, incluyendo zonas de la interfaz urbano-forestal.

 

Políticas para la gestión de incendios: La tolerancia cero a los incendios no ha funcionado ni en España ni en ningún otro país; al contrario, la extinción total de los incendios genera ecosistemas con gran acumulación de biomasa que cuando arden lo hará con elevada intensidad produciendo incendios de grandes dimensiones (megaincendios). Esto es lo que se llama la paradoja de la extinción de los incendios. Por lo tanto, el reto de la gestión no debería ser eliminar los incendios, sino crear paisajes que generen regímenes de incendios sostenibles tanto ecológica como socialmente [2,3]. Eliminarlos es imposible, antinatural y ecológicamente insostenible [4]. Por lo tanto, en áreas cerca de zonas urbanas debe potenciarse los incendios pequeños, frecuentes, y de baja intensidad, sea aprovechando incendios naturales o realizando quemas prescritas. Además, la introducción de herbívoros, sean nativos (rewilding) o ganado, puede reducir la cantidad de combustible y por lo tanto limitar los incendios y facilitar las quemas prescritas. La gestión de los incendios también implica decisiones tan conflictivas como limitar la interfaz urbano-forestal, es decir, limitar la expansión de urbanizaciones y polígonos industriales en zonas rurales y naturales. Los mecanismos para limitar estas zonas pueden ser diversos, incluyendo la recalificación de terrenos (a no urbanizables), o la implementación de tasas (disuasorias) por construir en áreas con alto riesgo de incendios, entre otros. En las zonas ya urbanizadas, se requiere forzar la realización de planes de evacuación y multar la falta de autoprotección alrededor de las viviendas, de manera que se reparta la responsabilidad entre administración y propietarios.

Políticas para la conservación del clima: Una manera de reducir las sequías es potenciar el ciclo del agua que ha sido perturbado por la degradación de la costa. Esto implica, la conservación, restauración, y ampliación de la mayor zona posible de vegetación nativa en la zona más litoral, y en especial de los marjales litorales. Es decir, la conservación de los marjales litorales son importantes no solo para la conservación de la biodiversidad, sino también para la conservación del clima. Además, en las zonas urbanas y semiurbanas se debería potenciar los parques, jardines y zonas verdes con abundante vegetación, así como plantar árboles en todas las calles posibles. La evapotranspiración que realizaría toda esta vegetación (en sistemas naturales, urbanos y semiurbanos), beneficiaría al ciclo del agua y contribuiría a la conservación del clima. Además, la vegetación en zonas urbanas y semiurbanas también beneficia a la calidad de vida en muchos otros aspectos que no abordamos aquí. Dado que pequeños incrementos de temperatura en la costa tienen implicaciones en toda las montañas vecinas [1], es importante reducir el efecto ‘islas de calor’ que ejercen las zonas urbanas de la costa. Para ello, se podría potenciar el uso de materiales de construcción con elevada reflectividad en superficies horizontales (tejados, calles, patios, etc), cosa que disminuiría el efecto de calor urbano; además, las viviendas construidas con estos materiales requieren un menor uso de la calefacción. En la zona de montaña, se puede potenciar el uso de colectores de niebla para obtener agua para la agricultura o otros usos.

En conclusión, además de disminuir la concentración de CO2 en la atmósfera, existe un gran número de acciones que se pueden realizar con políticas locales, y que contribuirían en gran manera a la disminución de los efectos del calentamiento global y al aumento de la calidad de vida.

Más información en:
[1] Pausas J.G. & Millán M.M. 2019. Greening and browning in a climate change hotspot: the Mediterranean Basin. BioScience 96:143-151. [doi | oup | blog | pdf]

[2] Pausas J.G. 2012. Incendios forestales. Catarata-CSIC. [Libro]

[3] Pausas J.G. 2018. Incendios forestales, encrucijada natural y social. En: Ecología de la regeneración de zonas incendiadas (García Novo F., Casal M., Pausas J.G.). Academia de Ciencias Sociales y del Medio Ambiente de Andalucía. pp. 9-14. [pdf]

[4] Pausas J.G. 2017. Acabar con los incendios es antinatural e insostenible. 20minutos (Ciencia para llevar), 13 Julio 2017. [20minutos]

 

Carta a los no votantes: votar suma, la abstención resta

April 13th, 2019 No comments

Hay muchas razones por las que una persona puede decidir no ejercer su derecho al voto, pero básicamente se pueden clasificar en dos grupos. El primero se refiere a aquellas con poca conciencia política y poco interés por participar en la sociedad; la abstención es un acto de dejadez (abstención pasiva). El segundo grupo representa todo lo contrario, personas políticamente activas, con ideas claras, a menudo activas en luchas sociales o medioambientales, pero que no creen en el sistema electoral o están decepcionados con los partidos políticos actuales (abstención activa). A las primeras les diría que pensar a escala social, en lugar de individual, es enormemente enriquecedor. Al segundo grupo de personas es al que ahora me dirijo. A menudos son personas admirables por su lucidez en criterios, su coherencia en actividades sociales, y su persistencia en luchas altruistas. No votan por unos supuestos principios, o por cuestiones históricas, o como un acto de protesta. Es verdad que las luchas diarias y continuadas son mas importantes que ir a votar cada 4 años, pero las dos cosas no son incompatibles, y la segunda puede aliviar a muchas personas y puede facilitar a la primera. Votar no será la mejor manera de construir una sociedad justa, pero es una herramienta que tenemos muy a mano. Votar es un acto muy sencillo, requiere solo unos pocos minutos de dedicación, no tiene coste alguno, no genera efectos secundarios, ni es incompatible con las actividades sociales. Hay quien dice que votar no sirve de nada, pero es difícil de creer que estas personas y sus descendientes puedan tener los mismos derechos y oportunidades si en el gobierno domina gente del tipo Rajoy/Aznar o del tipo Carmena/Colau (por poner ejemplos contrastados). Votar no es casarse con nadie, ni opinar igual que nadie. Votar no quiere decir que te gusta la candidatura votada; da lo mismo que ningún político te guste o que ninguno opine en todo igual que tu. Votar no es estar de acuerdo con el sistema, ni implica dejarse de quejar del mal funcionamiento de los partidos y los políticos. Votar es incrementar la probabilidad de que el gobierno, delante de cada decisión, elija la opción que a ti te gustaría; solo eso, aumentar la probabilidad. La abstención como protesta puede ser conceptualmente coherente pero tiene el efecto de disminuir la probabilidad de que se consiga lo preferido. Votar suma, la abstención resta. Porque se vote o no, el gobierno se formará, las decisiones se tomarán, y las leyes se impondrán, todo en base a la opinión de los que votan (abstenciones, nulos, y blancos, no cuentan para la formación del gobierno). Votar es saber que no ganará tu candidatura porque no somos mayoría; o sea votar es una frustración, como en tantas luchas, pero es una acción sencilla y barata, un granito de arena para intentar mejorar la situación.

 

Fuente: revista Al Margen (Valencia), núm. 63, 2007

Texto escrito después de oír las excusas de un grupo de personas que decían que no iban a ir a votar en las elecciones del 28 de abril de 2019.

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